“De cómo sobrevive el lector necesario”, autor José M. Sánchez Moro

“De cómo sobrevive el lector necesario”

Hay dos obras que nosotros, tú que me lees, y que bien podrías dejar de leerme enseguida, y yo que escribo, jamás leeremos. Una es el Quijote, otra Paradiso. Has pasado toda la vida empeñado en lecturas a la buena ventura, sin concisión cronológica ni orden aparente, y por ello no reconoces el siglo como un aspecto numérico sino como un letrero donde se lee tal –ismo, tal corriente de pensamiento; a estas alturas, ya que has pasado toda la vida empeñado en lecturas a la buena ventura, sabes que no hay corrientes artísticas o literarias, sino que son tan solo corrientes de pensamiento. A estas alturas que, como he dicho, has sucumbido al deleite de lecturas como la del Lazarillo y has sufrido el espasmo, has quedado maravillado ante la corriente del pensamiento única de España, sino es única al menos original, que supone la picaresca que hasta nuestros días ha llegado, te permites hablar con elocuencia del Quijote o de Paradiso. Antes de haber sido hombre empeñado en lecturas a la buena ventura has sido lector. Lector simple, y en ese ser lector simple puede que tropezases con el Quijote o Paradiso en su día: el primero de Cervantes, más bien por obligación escolar; el segundo de Lezama Lima, más bien por obligación extraescolar, cuando un cualquiera que detectase que tu cerebro, al verte muerto, podía depararle grandes ganancias con su venta, te lo recomendó con la intención de auparte a mito literario. Luego de ser lector, lector simple, vienes diciendo, te llegó el momento de ser hombre empeñado en lecturas a la buena ventura. Y es aquí donde reconoces el texto de Cervantes o el de Lezama Lima como particulares. Cuando son particulares es que están hechos para la lectura a buena ventura. Pongamos un ejemplo: tú estás sentado y te has distraído con una joven que chupa con deleite,para ella por el sabor y deleite para ti por lo improvisado y gratuito del espectáculo que contemplas, un chupa-chups, y a la vez enumeras las veces que te has rascado la cabeza esa mañana, y en función de este número elegirás el capítulo en que te sumergirás del Quijote. Y en función, a su vez, de la mano utilizada para aliviar el picor, si será la primera parte, mano izquierda, o la segunda parte, mano derecha, la que te ocupará durante el mismo tiempo en que te distraes cotidianamente fumando los últimos cigarrillos del día. No te hará falta, de la misma manera, ya que te sabes hombre nacido para la lectura a la buena ventura, leer algo más que un capítulo elegido azarosamente, para no sentirte extraño en las áreas descriptivas de Paradiso, pues estás más que preparado para reconocer el costumbrismo de la América hispana, a la vez que todo recurso o floritura usada por el escritor, ya que la has hallado con gusto antes en otros muchos textos de literatura hispanoamericana, de la que eres, sino experto, al menos sí sabueso ocasional. Otras veces recuerdas, recuerdas, sí, pues desde hace mucho tiempo no necesitas anotar cosas así, sino simplemente recordarlas, cuántas han sido las moscas que te han distraído en tu ocupación de la mañana. Con indiferencia de que esta sea funcionarial, estudiantil, campesina o de rentista, tú recuerdas las moscas que te han distraído y en función del número de distracciones/moscas por minuto tomarás uno u otro capítulo del Quijote, y si el número de distracciones/moscas por minuto es par o impar la primera o segunda parte. Y ya te dejas mecer, que sea la lectura en una mecedora que para el hombre que se ha empeñado en la lectura a la buena ventura es lo más indicado, silbarás a medio párrafo, irás a orinar y atenderás a llamadas que te recuerdan que has nacido en un mundo y que socializarse es en él lo saludable y establecido, pero brindas en silencio por ese capítulo y por tus distracciones e inoportunos picores de cabeza por haberte llevado a este capítulo en el que tal cosa y tal otra te recuerdan una de tus heroicidades pasadas. Hay que precisar que eres un elegante antihéroe, de Joyce, a tu parecer; y en esa heroicidades pasadas reordenas tu actitud respecto al futuro y planificas y desordenas, siempre distante a la incorrección inmoral. Y brindas por tus distracciones/moscas y por todas esas casualidades y despistes que te deparan una buena lectura.

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