Estudio de los Textos Religiosos II: “El Avesta”, autor J.M. Porro

El Avesta

Con toda seguridad no es el libro religioso más conocido ni de los más conocidos del mundo, tampoco la religión a la que representa, el mazdeísmo o zoroastrismo, una de las religiones más antiguas que aún siguen existiendo. Y es que si mencionamos a Zaraθuštra o Zaratuštra, no pensaremos en sacerdotes zoroástricos ataviados para una ceremonia, sino en el famoso texto de Nietzsche. Estos zoroástricos recibieron en otro tiempo también el nombre de magi (“magos”) o “adoradores del fuego”, ya que es un elemento central de veneración.

Lo que hoy conocemos como el Avesta no es sino los textos litúrgicos que hasta hoy han llegado después de los avatares históricos y la intolerancia religiosa en una zona conflictiva como es Oriente Medio. Se atribuye a Alejandro Magno (“el apestoso romano Alejandro” en textos persas) una de las destrucciones de este texto que estaría en la biblioteca de los Aqueménidas y, posteriormente, fueron los musulmanes los que en su expansión persiguieron a los zoroástricos, quemando sus libros y provocando que una gran comunidad huyera a India, los hoy denominados parsis.

La lengua que representa, el avéstico (nombre derivado del nombre del libro), es una lengua indoeruopea, del grupo iranio. Esta se divide en avéstico antiguo y reciente, dos estadios de la lengua representados en el Avesta. El avéstico antiguo podría remontarse hasta el II milenio a. C. y está representado por las Gāθas (“canciones”, supuestamente compuestas por el propio Zaraθuštra) y el Yasna Haptaŋhaiti (“el sacrificio de los siete capítulos”). El avéstico reciente dataría del I milenio a. C. y aparece en el resto del libro.

Los textos, como se señalaba más arriba, son litúrgicos, es decir, sirven para acompañar el desarrollo de las ceremonias religiosas. Estas se pueden dividir en la liturgia larga y otros textos litúrgicos. La primera comprende las ceremonias de Yasna (“el sacrificio”), Vīsperad (“el de todos los momentos”), Vīdēvdād (“el código para repeler a los demonios”) y Vīštāsp Yašt (“el himno de Vistaspa”). Los segundos se recogen dentro del Xhorde Avesta (“el pequeño Avesta”).

Sobre la transmisión de este texto, tuvo que ser oral durante bastantes siglos (y así lo ha seguido siendo entre las escuelas de sacerdotes). Según el libro escrito en persa medio del Dēnkard, bajo la dinastía de los Sasánidas, se compuso lo que se puede denominar como “Gran Avesta”, compuesto por 21 capítulos y donde se habría recogido todo el saber religioso zoroástrico. Sin embargo, eso se perdió y solo nos quedan descripciones de lo que pudo ser.

El texto avéstico no solo se conserva en esta lengua, ya que a lo largo de la historia manuscrita ha sido objeto de traducciones a las lenguas locales contemporáneas a los sacerdotes de la época de los códices. Así, encontramos el texto avéstico en pahlaví (o persa medio), persa moderno, gujarati o sánscrito en manuscritos que pueden ser bilingües o trilingües.

En cuanto a la religión en sí misma, el dios principal es Ahura Mazdā (en avéstico) u Ohrmazd (en persa medio), mientras que su principal oponente y “contracreaor” es Aŋra Mainiiu (en avéstico) o Ahriman (en persa medio). Del panteón zoroástrico, no obstante, sí conocemos algunos nombres que llegaron a tener seguidores en cultos occidentales, como puede ser el de Miθra (o Mitra). El elemento más característico es su veneración al fuego y lo que se podría decir que es su “lema” es el de “buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones”. Y es que la mentira es uno de los mayores males y arma de los demonios.

Por último, señalar que a Europa el conocimiento directo de este texto no llegó hasta el siglo XVIII, cuando el orientalista francés Anquetil-Duperron descubrió para occidente este texto y, con ayuda de los sacerdotes parsis indios, publicó una traducción al francés de este texto a partir de una traducción al persa en 1771. Ya en el s. XIX se realizaron las ediciones canónicas del Avesta por estudiosos europeos, como K. F. Geldner. Por tanto, se podría decir que es para el mundo occidental un texto como tal recientemente descubierto y sobre el que queda aún mucho por investigar.

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