Entrevista al autor Ignacio Elguero

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Entrevista a Ignacio Elguero

Ignacio Elguero, periodista, ensayista, y, principalmente, poeta, nos ha brindado la oportunidad a la Revista ©Anayita de entrevistarle y conocer su manera de entender la literatura a través de nuestras preguntas. Esperamos habernos atenido con la mayor precisión a sus palabras, entre las que nos gustaría destacar las siguientes, ya que con ellas define las claves de su escritura: “A mí me gusta escribir sobre las pasiones, pulsiones y virtudes humanas, todo aquello que rodea al individuo; en el fondo quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, con un cierto matiz filosófico-existencial”.

Revista ©Anayita: Todos tenemos algo que contar a mundo. Lo que pasa es que mientras otros se callan, algunos deciden lanzarse y comenzar a escribir. ¿Cómo fueron sus inicios? ¿Era algo que tenía pensado desde pequeño?

Ignacio Elguero: La llamada de la literatura la tengo desde crío. Cuando eres un infante, no reparas en nada más que en que a ti te apetece expresar lo que llevas dentro. En la adolescencia, es un proceso que se produce como réplica a lo que le sucede a un individuo que no entiende, de ahí que mucha gente escriba, pero lo hacen como un ejercicio de desahogo. Para mí, siempre ha sido un ejercicio creativo, además de que también  me gustaba la pintura y la fotografía. Cuando se combina el entusiasmo por decir algo y crear algo es cuando se da paso a la literatura, es una pasión que llevas dentro y estalla desde muy joven. Otra cosa es que solo hayas podido publicar de mayor, pero los grandes creadores lo llevan desde pequeño, como por ejemplo, el caso de Saramago.

R©: Al dedicarse tanto al periodismo y el ensayo como a la poesía, esferas tan distanciadas de la escritura, ¿cree que se convierte en dos escritores diferentes o conserva su esencia de alguna manera determinada?

IE: Yo creo que el escritor se encuentra más cómodo en un género siempre, que es el suyo, aunque esté el escritor multidisciplinar. Yo me siento más cómodo en la poesía, que es el ejercicio más creativo, donde yo habito. El ejercicio de cronista generacional se une más al periodismo que a la literatura, es una mezcla de trabajo y divertimento, porque me gusta contar la época en que me ha tocado vivir.

R©: Comenzó su carrera literaria con los versos. ¿Cuál es su concepción de la poesía? ¿Cómo definiría su estilo poético?

IE: Para mí el estado de gracia poético llega, la poesía empieza a brotar como un torrente, siempre que haya una cierta predisposición del creador para ello. Sin embargo, no se puede forzar, al contrario que la narrativa.

 A mí me gusta escribir sobre las pasiones, pulsiones y virtudes humanas, todo aquello que rodea al individuo; en el fondo quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, con un cierto matiz filosófico-existencial. En cuanto a estética, no comparto ninguno de los dos compartimentos característicos actualmente: poesía de la experiencia y poesía del silencio, porque creo que son creaciones artificiales. Uno escribe y bebe de sus fuentes literarias y del camino estético en que se encuentre a gusto. En mi caso, me encuentro a gusto con un lenguaje a veces con un tono más coloquial y otro más existencial. También depende mucho del estado anímico, pero no me considero afín ni a una estética ni otra.

R©: ¿Cuáles son sus referentes en la poesía? ¿Qué función le daría a la intertextualidad en sus poemas?

IE: Cuando tengo alguna cita, alguna referencia, normalmente es porque bebo de esa fuente. Por ejemplo, en El dormitorio ajeno (2003) intentaba actualizar los tópicos amorosos grecolatinos. En ese momento estaba con Calímaco y Propercio, y los citas como tu fuente, como la fuente de que has estado bebiendo. Muchas veces les debes algo y a su vez es un homenaje, como en el caso de la literatura amorosa de Salinas o de Pablo Neruda, por ejemplo.

R©: ¿Tiene algún tema fetiche al cual recurre cuando se siente estancado?

IE: Tengo un tema fetiche en la narrativa, que es la vida cotidiana de la generación de los nacidos en los 60, del baby boom. En la narrativa, lo mío son variaciones y figuras sobre el mismo tema. Ahora presentaré en primavera mi primera novela que trata también sobre esa generación. Primero hice Los niños de los Chiripitifláuticos (2004), luego los padres de esa generación (Los padres de Chencho (2006)), más tarde ¡Al encerado! (2011), y ahora una novela que viene a hablar también de esa generación, de la mía, en un sentido muy amplio. Ahí recurro siempre porque es lo que me interesa, ya que se ha hablado mucho de la generación que me precede porque le tocó un momento importante, incluso de la siguiente, los que llevaron a cabo la transición, pero de la mía no se ha hablado. Como no participó políticamente de la transición por ser niños, quedaba fuera de todo. Luego ha cambiado tanto la sociedad en los últimos diez años que mi generación ha pasado a ser generación de poder.

En la poesía uno de mis pilares es el amor, pero al amor no puedes recurrir de forma artificial, el amor hay que sufrirlo. Cuando uno sufre, con el tiempo escribe.

R©: ¿Cómo ve el panorama de la poesía actual?

IE: La poesía española ya desde hace un tiempo vive un momento espléndido: con una generación de los Novísimos ya convertida en adulta y en referente clásico para los más jóvenes, una generación posterior que ha madurado y está en plenitud creativa, como es la generación nacida en la década de los 60, y la generación senior. Y una generación muy joven que todavía anda buscando su sitio, en el mundo de la publicación, enredando en las redes, y estéticamente tratando de encontrar y estudiar nuevos caminos para no repetirse, pero es una generación sin definir todavía, contrariamente a lo que pasó hace veinte años. La dispersión,  la multiplicación del soporte ha producido que se puedan dar muchos más autores, pero para el crítico esta dispersión genera problemas. Hay que dejar un poco de reposo a las obras porque todavía no hay un libro entero en el que se pueda decir: aquí hay un grupo para trabajar. Yo estoy atento desde mi programa a la creación más joven, pero creo que todavía está un poco perdida.

R©: Los ensayos que tiene publicados están muy centrados en los nacidos de los años 60. ¿Se distancia de sí mismo cuando escribe o incluye referencias autobiográficas? ¿Cree que la literatura y la vida se interrelacionan?

IE: En la creación poética lo que te sirve de inspiración es lo vivido, pero nunca lo defino como biografía. La vida es la experiencia que uno acumula a lo largo de ella, pero no solo personal, sino lectora, de películas… Todo ese yo sale en la creación poética, pero no hago poesía autobiográfica como tal. Ni siquiera en la poesía amorosa. Me gusta fabular, imaginar, jugar con lo creativo, partiendo de lugares comunes.

En la parte de narrativa, tiro de lo personal como experiencia porque no deja de ser una memoria sentimental y la memoria sentimental siempre tiene lugares comunes, y de ahí salgo. Tengo una gran capacidad de recuerdo, de memoria. En narrativa, creo que he triunfado cuando la gente dice “eso me pasó a mí”. En poesía, cuando dicen: “eso me gustaría escribirlo a mí”.

R©: ¿Qué opina del auge de la literatura erótica de masas frente al erotismo poético que podemos encontrar en su obra o la de otros poetas?

La literatura erótica está presente en la historia de la literatura, es un género casi, incluso la casi pornográfica. Yo creo que el concepto de lo erótico, como el tema amoroso, el del paso del tiempo o el de la infancia depende del tratamiento que le des, no deja de ser más que un tema. Si un tema como el erotismo lo sabes hacer vibrar de una forma creativa y desde un punto de vista literario interesante, pues es interesante, si no lo sabes hacer, es mero consumo, escritura de consumo.

Yo me he asomado y no me interesa este producto, considero que es una moda y que es algo relativamente sencillo, no se distancian mucho de los argumentos de las películas pornográficas, con todo el respeto para los creadores de este tipo de películas. Como funcionan, las editoriales apuestan por ese producto. Pero igual de prescindible es eso que una mala novela histórica, cuando se puso de moda el género histórico. Igual de pornográfico, en la acepción negativa de la palabra, es una novela histórica mala. Lo que sí nos podríamos preguntar es por qué se produce el auge actual. Estas novelas han ido a un público femenino, pero muy amplio, es un público medio que no ha vivido el franquismo. Yo le pregunté a uno de los editores de este tipo de literatura en un programa de dónde viene el origen del interés por lo erótico, pero la respuesta es muy sencilla: el interés por lo erótico lo ha habido siempre en la sociedad, y es cíclico, toca ahora, como tocó la novela histórica o la novela de ciencia ficción, o como cuando en la televisión toca el género de los programas de corazón y luego el de concursos. Ahora la sociedad tiene el erotismo y la pornografía a un clic, por lo que no se dan las circunstancias en la sociedad actual tales para que haya un interés por lo erótico, es solo una moda.

R©: Su programa de radio La estación azul lleva trece años en antena acercando la literatura a la gente. ¿Cree que la cultura está en su peor momento? ¿Aún podemos mejorar?

IE: Yo creo que sigue habiendo en todas las disciplinas artísticas creadores muy interesantes, lo que pasa es que al multiplicarse el soporte para hacer llegar eso a las personas, se diluye, y eso hace que parezca que no hay tanta movida cultural como en los años sesenta, pero no es cierto, hay mucha más, lo que pasa es que antes se focalizaba todo en dos programas de televisión, pero ahora hay muchísimos. Encontramos muy buena literatura, hay muy buenos escritores de teatro, músicos de música clásica, creadores de pop-rock… Yo creo que sí que hay grandes creadores, pero gran parte del concepto cultura está manchado del mercantilismo y se ha fomentado desde las discográficas, las editoriales, las pinacotecas… donde se huye de lo elitista para convertirlo en popular, y eso a veces tiene sus riesgos, pero es un tema complejo. A grandes rasgos, el movimiento cultural viene tintado por un mercantilismo con muchos intereses, como en el caso del cine y la literatura de consumo. La movida se había domesticado por los grandes grupos discográficos, y ahora todo está domesticado hacia lo comercial.

R©: Pensando en las nuevas tecnologías y, sobre todo, pensando en el momento por el que estamos pasando, ¿qué piensa de los autores noveles que escogen publicar sus propias obras en internet?

IE: Antes, si eras escritor, mandabas tu libro a una editorial y había unos críticos que le daban el sí o el no, los libros se leían, y se confiaba o no en los escritores sin conocerlos o conociéndolos; tenemos muchos ejemplos en la literatura del siglo XX. Con la llegada de las nuevas tecnologías, todo eso se ha roto. Primero lo hizo el mundo del disco: ya se rompió la comercialización del soporte, cambia el concepto de venta y distribución… En el mundo del libro empieza a pasar lo mismo. Yo sigo siendo bastante conservador y tradicional en ese sentido: ¿cuántos libros o cuántos discos, cortos, puedes encontrar en la web que de verdad trasciendan? Muy pocos, escasísimos. Hay mucha gente a la que le gusta hacer cosas, pero cabe todo, lo que tiene calidad y lo que no, y por desgracia, es más lo que no tiene calidad.

Antes o después, el buen creador sale de internet, todos quieren salir porque en la red cabe todo el mundo. Y en las productoras de televisión, de cine, en los teatros, en las editoriales… no. Que una editorial decente confíe en ti es importante, porque es un reconocimiento de un editor, de unos críticos, de unos correctores, de una empresa, y eso lo quiere todo el mundo, porque es la forma de distinguirte del que está en horizontal contigo. Por tanto, de una u otra forma, si desapareciera el soporte, se crearían editoriales o portales electrónicos donde todo el mundo querría dar el paso de estar ahí. La excelencia es minoritaria, siempre lo ha sido y siempre lo será. Que la gente se publique, que salga, está muy bien, pero encontrar excelencia es muy difícil.

R©: Si tuviera que quedarse con un libro, ¿cuál sería?

IE: Voy a ser tópico, pero me marcaron desde muy adolescente dos libros de Pablo Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada y Residencia en la tierra. Después Poeta en Nueva York, de Lorca. Estos libros, casi desde niño, porque soy lector de poesía desde niño, me marcaron muchísimo. Luego, los grandes creadores de la poesía española y la poesía hispanoamericana. Me ha atraído siempre más la literatura en castellano que la de otros países. Aunque también se puede dar con una buena traducción en alemán, por ejemplo de Rilke, que ha sido otro de los escritores que me ha impresionado con Las elegías del Duino.

Recuerdo escuchar el disco de los Veinte poemas de amor en mi casa y pedirle a mi padre que me comprara el disco de ese señor – el disco era una letanía y el contenido era maravilloso – yo tenía 12 años, no tendría más. Mi padre nos leía de pequeños a Juan Ramón Jiménez, a Góngora y a Quevedo. Además, yo era un gran lector de niño de Gustavo Adolfo Bécquer, que fue el paso siguiente a dejar los libros de Los cinco.

R©: ¿Y un autor?

IE: Yo he sido y sigo siendo un gran lector de poesía, pero si me tuviera que quedar con algún escritor de narrativa, me gusta mucho Jorge Edwards y Vargas Llosa, pero yo sigo idolatrando la poesía, el noventa por ciento de lo que leo es poesía cuando leo por placer. Sin embargo, por una cuestión laboral, también leo novela.

En poesía podría hablar de la generación del 27, la generación de los Novísimos… Toda la poesía sudamericana, desde Pablo Roca a Octavio Paz, que me marcó muchísimo… Un poeta peruano que murió hace poco, Watanabe, fue de los últimos descubrimientos de poetas que hice ya de adulto. También, por supuesto, Gonzalo Rojas. En su momento me gustaron los románticos ingleses, la poesía surrealista francesa… pero son las etapas clásicas de todos, por las que vamos pasando.

Luego te dedicas a investigar, a estudiar, hubo una época en que me dio por poesía portuguesa, otra por la francesa de Vanguardia, pero todo en la época de estudiante, y después ya vas seleccionando, pero siempre me he volcado más en la literatura en castellano, y luego ya me he especializado como crítico literario, como periodista en la poesía española e hispanoamericana.

Con el programa de la radio he ido conociendo las distintas literaturas en gallego, en catalán y en euskera, y hay gente muy interesante. Hice una serie de tres programas desde Lugo sobre poesía gallega hoy, llevé a dieciocho poetas y tres cantautores y lo hicimos con chavales de instituto. El gallego es relativamente sencillo de entender, es fácil leerlo y difícil hablarlo. De hecho, yo escribí un poema en gallego para la revista de Lugo y me respondieron diciendo que era mejor que muchos autores gallegos, era un poema de amor: “La muralla”.

R©: ¿Cree en la magia de la música para escribir? ¿Cuál es su preferida?

IE: Yo tuve un grupo de música pop en los años 80, pero las letras que escribía no tenían nada que ver con lo que yo estaba dibujando poéticamente, iba yo por otro camino. Lo separaba bastante bien, siempre tenías las referencias de lo que conocías. Cuando lees la poesía de un cantautor, te das cuenta de que es cantautor y no poeta, porque son dos mundos muy distintos. Cuando me preguntaron por la poesía de Antonio Vega, yo dije que Antonio Vega no era un poeta, era un maravilloso compositor musical con una fuerza lírica brutal, pero un poeta no es músico. No puedes descontextualizar los textos de Antonio y decir que son poemas, porque son letras de una canción, y sin la base de la música, pierden fuerza.

R©: ¿Qué consejo daría a los jóvenes escritores deseosos de ver sus obras publicadas?

IE: Que nunca pierdan la referencia de sus mayores, que es absolutamente vital. Creo que el concepto de la creación desde la autosuficiencia que te da la vanidad de la juventud es absolutamente pernicioso. Tienes que mantener la mirada puesta en lo que te precede, conocer y respetar a los clásicos.

Quien vale, llega, lo he visto tanto en el periodismo como en la literatura y no me he equivocado nunca. A lo largo de la historia han quedado ocultos, por la falta de posibilidades que tenían, muchos talentos, pero hoy por hoy no. Si un arma ha puesto a nuestro alcance internet es la democratización del acceso a la cultura. Mi consejo es que trabajen. Los que no valgan se apagarán, pero quien vale llega. El trabajo al final se reconoce porque los primeros interesados son los que manejan esto, que están continuamente buscándolo. Desde mi punto de vista de creador y de periodista, nosotros potenciamos esto: tenemos un concurso de poesía joven en la radio, un concurso de cortos de cine, de vídeos musicales… y ves que hay gran cantidad de gente que se mueve, pero luego hay que seleccionar.

R©: Respecto a la nueva novela en la que estaba trabajando, ¿cómo se siente?

IE: Es una experiencia complicada, es un género nuevo, pero no deja de ser una crónica sentimental lo que he escrito: una historia de amor, que habla de las relaciones de amistad, de las relaciones paterno-filiales, del paso del tiempo… Es un análisis de un tiempo ido y de cómo este tiempo ido ha ido marcando a una generación en todos los sentidos. El personaje reflexiona sobre su vida, sus amistades, la vida de sus padres y ahora la vida de sus hijos. Trata de la frontera de la madurez, cuando te das cuenta de que ya no eres joven y de que eres padre y no hijo. Aun así, yo me sigo considerando hijo, no padre.

A mí me cuesta escribir narrativa porque no soy novelista, estoy haciendo más una crónica novelada que una novela. Voy aprendiendo la técnica de la novela, ya que al ejecutarla por primera vez cuesta esfuerzo. Sin embargo, no sé si volveré a escribir en este género, iré seguramente al cuento.

Aroa Algaba Granero

Antonio Neftalí José

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