Entrevista a la autora Ada Salas

Fotografía realizada en la entrevista de Ada Salas por nuestros colaboradores

Fotografía realizada en la entrevista de Ada Salas por nuestros colaboradores

Entrevista a Ada Salas

Ada Salas es una poetisa española de renombre. Licenciada en Filología Hispánica por la Univesidad de Extremadura, obtuvo su primer premio a los veintitrés años (Premio Juan Manuel Rozas) y seis años más tarde el prestigioso Premio Hyperión 1994. Ahora acaba de publicar su último poemario Limbo y otros poemas (2013). Ante todo agradecerle el permitirnos entrevistarla teniendo tan poco tiempo en su visita a la ciudad.

Revista ©Anayita: Queremos empezar preguntándote cómo empezó tu carrera, ¿qué te llevo a comenzar a escribir? ¿Fue vocación, un sueño que perseguías?

Ada Salas: Creo que nunca tuve conciencia de ello, no fue un empeño que yo me marqué de una manera deliberada. Empecé a escribir de pequeñita, me encantaba escribir redacciones, y sí es verdad que mi padre era escritor aficionado y yo lo admiraba y lo quería mucho. Éramos muchos hermanos  y siempre he pensado que era mi manera de ganarme un poquito su corazón. Me gustaba la poesía y la lectura, y pensaba “a ver si por ahí…”. Esa es mi interpretación posterior. Al ser tantos en casa compartiendo poco espacio era mi manera de aislarme, de refugiarme, en un libro o un papel. Así aunque estuviéramos los seis en la misma habitación me creaba un territorio que era sólo mío. Era mi manera de construir un lugar al que huir de un entorno que tal vez podía resultar un poquito… excesivo. Así construía mi soledad. Se  comenzó a afianzar en la adolescencia, que como sabéis es una época en la que todo el mundo empieza a confesarse, y yo en vez de hacerlo en un diario lo hacía escribiendo cosas. Tenía una preferencia clara por escribir algo que se parecía a poemas y después, en el instituto,  tuve varios profesores de literatura que me inculcaron ese gusto por la lírica, especialmente por la española clásica y contemporánea. En un momento determinado me doy cuenta de que esto es lo que realmente me gusta y pongo algo más de empeño, pero aún hoy tengo un poco de sensación de perplejidad, como si fuera algo que no elijo yo, sino que me elige a mí en cierta medida.

R©: ¿Cómo si fuera un don?

AS: No exactamente. Quiero decir, ¡ojalá lo sea! Pero no, para mí es algo que me sucede y simplemente yo decido aceptarlo.

R©: Hemos visto que la mayoría de tu obra está centrada en la poesía; tienes dos ensayos pero también los centras en la creación poética, pero ¿te has planteado escribir algún otro género fuera de estos?

AS: No. Bueno, he escrito alguna otra cosa: recientemente un amigo músico ha compuesto una ópera para niños y le hacía ilusión que yo escribiera el libreto y lo hice… ¡En verso, eso sí! Aunque eso ha sido una especie de aventura, por ejemplo sé que el género narrativo no es lo mío. No sé si sé hacer poesía, pero para mí la narrativa es un género inabordable, igual que el drama. Pero sobre todo me parece que en el campo de la poesía me queda todo por hacer, así que ¿para qué voy a estar andando con otras cosas, si a lo que me dedico es aún tan extenso, tan inmenso? Todavía no se me queda tan pequeño este espacio como para olisquear en otros. Como lectora por supuesto, me fascina la ficción, pero no me llama.

R©: Si la ficción le parece inabordable, ¿se puede considerar su poesía autobiográfica? ¿Obtiene su inspiración del día a día?

AS: Esto puede resultar un poco paradójico. Por un lado no creo que exista poesía no autobiográfica, el poeta trabaja con el material de lo que ha vivido y lo que ha imaginado, pero en cierta manera solo podemos construir con la imaginación aquello que hemos vivido. Entonces nadie puede huir de sí mismo, es imposible, y de hecho nuestro lenguaje es una manifestación directa de nosotros mismos. Pero otra cosa es que yo haga un tipo de poesía confesional, ese tipo de poesía no me interesa al menos para escribirla yo. Me ocurre que si yo sé qué voy a escribir en un poema no lo escribo, la experiencia que me conmueve es la del papel en blanco, que allí pasen unas cosas que igual acaben en un poema que yo diga “anda, pero si esto tiene que ver con aquello otro que me pasó”, pero no está en su origen, no busco expresar cosas que pienso, siento o conozco, sino al revés: quizás el poema me lleva a mi propia vida pero no parto de ellas. Prácticamente nunca, algún poema sí puede ser un ejercicio de expresión, pero no es mi forma de escribir.

R©: ¿Entonces tu manera es más escribir un poema y trabajarlo o más bien soltar el poema y lo que sale es el poema en sí? Hace poco pudimos entrevistar a un par de autores, uno de ellos nos dijo que podía escribir un poema y pasar meses con él, cambiando palabras, para que llegase a ser como él quería y el otro escribía ya desde un principio lo que él quería. ¿Qué se aproxima más a tu trabajo?

AS: Bueno, a mí me suelen salir cuando salen, y se parecen ya bastante al resultado final. Lo que sí hago es tirar muchos, poemas enteros que no valen, pero los que realmente creo que merecen la pena salen de algún lado y vienen ya medio peinados, con corbata y preparados. Suele haber alguna cosa que, por lo general, les sobra, una especie de excrecencia que creo que de alguna forma escupe el poema, pero no soy de dejar los poemas meses, porque me salen bastante hechos.

: Hemos leído que en una entrevista que hiciste hace un par de años comentabas que tus alumnos del instituto te preguntaban para qué sirve la poesía y tú les contestabas que para nada, porque considerabas que su pregunta estaba más enfocada al futuro. ¿Cuál es tu verdadera visión de la poesía?

AS: Para mí no sólo es una cosa útil, sino imprescindible: va más allá de la utilidad. Yo no entiendo cómo se puede vivir sin poesía, se lo digo a mis amigos y se ríen mucho de mí. Estamos acostumbrados a acudir a las necesidades “materiales”, pero las necesidades espirituales son tan importantes como estas y tan o más vitales. Uno se puede morir de inanición espiritual. Yo creo que la poesía alimenta el espíritu, hace crecer la conciencia y proporciona experiencias totalmente únicas, que no puedes conseguir por ningún otro medio. Se puede vivir sin poesía, como se puede vivir sin música o sin otras tantas cosas  pero no veo por qué hacerlo si está ahí.

: Junto a tu nombre aparece frecuentemente el  de José Ángel Valente con el que además hemos podido ver que tuviste relación. ¿Qué fue para ti, una fuente de inspiración, un compañero de profesión, un mentor, una mezcla de todo ello?

AS: Lo conocí cuando se publicó mi segundo libro, (Variaciones en blanco) el que fue Premio Hiperión en 1994, y tuve la desfachatez de pensar “¿cuáles son mis poetas vivos a los que más admiro?”, elegí tres y les mandé una copia. No sé qué borrachera me asaltaba en ese momento, se que ahora no me volvería a atrever (ríe). Y José Ángel  me respondió en seguida.

Yo me inicié en su poesía muy tarde, cuando ya llevaba bastante tiempo escribiendo, y me fascinó. El enviárselo fue un acto más para mí misma, no esperaba que me contestase, me parecía casi antinatural, como si te respondieran los Reyes Magos. Su respuesta me hizo temblar, fue maravillosa, y me dijo que iba a estar en Madrid esos días y que le gustaría conocerme. Y a raíz de ese encuentro surgió una amistad, porque las veces que nos encontrábamos apenas hablábamos de poesía, era más bien una relación casi paternal, una simpatía muy asimétrica por la edad y por tantas otras cosas. Surgió un trato muy natural, me acuerdo que luego la gente me decía que era un ogro, pero conmigo era absolutamente afable. Yo sentía una grandísima admiración por él, pero eso nunca impidió nuestro trato y él me animó mucho e infundió mucha confianza. Para mí fue una especie de maestro y de amigo paternal, esas tres cosas construyeron para mí su figura pero murió demasiado pronto y yo sentí una especie de orfandad, pero también la sentí cuando murió Claudio Rodríguez. Han sido unos años horrorosos, hemos perdido todos a dos padres.

: ¿Hay algún otro poeta que te inspire o que tengas idealizado?

AS: ¿Idealizado? Todos. Los que  me gustan, todos. Tengo una especie de “altar” pagano de la poesía, con varios poetas y velitas. Tengo una gran cantidad de poetas ideales, desde los trovadores hasta poetas vivos. No se puede escribir sin eso. La escritura es una actividad muy solitaria y quien te acompaña mientras escribes son esos autores a los que admiras, son tu sustento.

: Una de las características de tu poesía es la importancia de las pausas, de los silencios. De hecho se te encuadra en la poesía del silencio, al igual que Valente. Un esquema recurrente en tus textos es dejar un espacio antes del verso final, para aumentar el énfasis. ¿El entrar en ese tipo de poesía fue algo que surgió desde el principio?

AS: Sí. Tengo aquí un libro que publiqué en la facultad, creo que estaba en tercero, que ya tiene poemas muy breves y ya existe ahí el espacio en blanco. “La sintaxis es una cuestión del alma”, como decía Borges. Es algo que salió y se quedó, no fue premeditado ni lo puedo explicar, pero en el fondo creo que nadie puede explicar qué pasa cuando escribe. De hecho si lo pudiera explicar dejaría de escribir, me interesa lo que hago porque no sé lo que hago. Mi respiración lírica tiende a la brevedad desde siempre. Puede ser que escriba como leo: leo con un lápiz y como todo lector de poesía subrayando los versos que me gustan. Hay poemas con los que me quedaría con tres o cuatro versos y lo demás casi me sobra. Es cierto que hubo un momento en el que me dije “a ver si me salen poemas más largos”, era para mí una especie de reto, y un día me salió uno de casi dos folios y me pareció curioso. Entró en mi poesía una respiración más larga, sonaba otra música en mi cabeza y ahora me salen poemas algo más largos, no mucho.

R©: Has titulado una de tus obras Esto no es el silencio (2008). Hemos hablado hace un momento que se te considera dentro de la poesía del silencio, ¿era esto una ruptura con el esquema?

AS: No, de hecho no me di cuenta de que se podía interpretar así, como una aclaración de principios, de “voy a dar un giro a la etiqueta en la que se me ha puesto”. Se debe a que en el primer poema hay un verso que es así, en un contexto determinado. “No hay nada aquí, no hay nadie y sin embargo esto no es el silencio”. Habla de unas ruinas y el sujeto poético dice eso, que a pesar de la soledad no es el silencio. Pensando un título para el libro se me impuso ese verso, jamás lo pensé de ese modo. Más tarde leí una notita en el País y decía: “Ada Salas manifiesta claramente ya desde el título su deseo de cambiar” y solo entonces caí en que podía ser leído así. Luego pensé que esos versos pueden ser aplicados a la poesía en general, los silencios de la poesía no son tales. De hecho si lo son mala cosa: están preñados de sentido y eso es en cierto modo lo contrario al silencio.

R©: Para ir acabando, unas preguntas rápidas. ¿Tienes algún libro de cabecera, algún libro favorito que te guste leer y releer?

AS: Más bien tengo poetas de cabecera, por ejemplo tengo una obsesión con la lírica popular anónima medieval, el mundo general de la lírica popular, la copla flamenca, los villancicos de los siglos XIV y XV que tan bien leyeron luego Lope y Góngora, Garcilaso, los clásicos en general. Pero de todos ellos Garcilaso y San Juan, vuelvo a ellos sin parar. De poesía contemporánea hay muchos, sobre todos los grandes nombres del Romanticismo para acá: Leopardi, Hölderlin, Yeats, Rilke… Ahora mismo estoy un poco en crisis con los autores españoles. Juan Ramón Jiménez está empezado a aburrirme y estoy empezando a entrar mucho más que nunca Antonio Machado. Siempre es algo maravilloso que las lecturas cambien a lo largo de la vida. De la segunda mitad del siglo XX, para mí los más grandes son Claudio Rodríguez, José Ángel Valente y Ramoneda. Pero en realidad no puedo vivir sin tantos poetas: Pessoa, ciertos autores anglosajones, estoy descubriendo a muchas escritoras norteamericanas maravillosas de hace unos sesenta años con una forma de escribir muy distinta, pero fascinante.

R©: Has mencionado antes la idea de la música en tu cabeza a la hora de escribir. ¿Te basas mucho en la música, en la melodía a la hora de escribir?

AS: La melodía marca el texto. De hecho, uno es esclavo de su propia melodía. Pero no puedo escribir con música; hubo un tiempo en que sí, que estaba obsesionada con Bach, pero después interfería en exceso, la música exterior no me dejaba escuchar la música del poema, por decirlo de algún modo. Aunque la música y la poesía van de la mano. Además de pensamiento y emoción, son inseparables.

R©: Por último, ¿qué consejo les darías a los jóvenes poetas, o escritores en general?

AS: No me considero con la autoridad para dar consejos a nadie, la verdad, pero si tuviera que darlo sería que no cejen, leer y escribir, leer y escribir. Y también, y esto es importante, que el nivel de auto-exigencia esté siempre alerta y con la luz roja bien potente.

Andrea Martínez Herrero

Antonio Neftalí José

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>