“Aprieto una máscara de hierro contra mi rostro”, autora Susana Boned

Aprieto una máscara de hierro contra mi rostro.

Aprieto una máscara de hierro contra mi rostro. No me deja respirar, pero no me importa. Recuerdo el dulce masoquismo de antaño y unas lágrimas de cera quieren salir de mis ojos en llamas para volar con alas del más pesado metal.

Me cuesta andar, pero mi cuerpo me pide que lo haga, me impide que sufra y permite que disfrute con este precioso dolor roto.

Sueños de invierno destrozan mis labios, ahora llenos de cortes por los diamantes que me regalaste, querida Muerte.

Ella vino con la guadaña de plata para llevarse mi alma al mundo de los que no recuerdan, de los que no aman. Quiero seducirla y así puede que me deje libre, aún con su pesada cadena en mis tobillos. Permaneceré eternamente a su lado, aunque no es ese mi lamento, bailando tangos en honor al Amor inexistente. No siento nada, tan solo los encarnizados roces de su cuerpo; cadera con cadera, pecho con pecho, labios con labios. Cada caricia es una herida. Nuestros rostros se juntan y entonces sólo somos una.

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