“Cuando los meses no eran los que son…”, autor J.M. Porro

Cuando los meses no eran los que son…

   El nombre de los meses en nuestro actual calendario tiene un origen que remonta más de dos milenios. Septiembre era el séptimo mes en Roma cuando su calendario empezaba en el día 1 (kalendas, de ahí el nombre) de marzo. Los emperadores Julio César y Augusto dieron nombre a los 60 días en los que en el hemisferio norte el sol calienta más que nunca.

   ¿Y qué tiene que ver la “bruma” a todo esto? Al oír la palabra “bruma”, a cualquiera se le pasa por la cabeza una mañana cerca de la costa, de un canal, de un río…, o un paisaje romántico o el telón que cubre al que no quiere ser visto. Sin embargo, a esta cabeza tan extraña mía solo se le ocurrió recordar el “18 Brumario” (9 de noviembre), día del golpe de Estado de Napoleón. Y es que los meses no fueron por un tiempo lo que son, al menos en una parte de la Vieja Europa. “Bruma” dio nombre al mes más conocido de un no tan conocido calendario republicano francés cuyos nombres de meses y días no tienen nada que ver ni con romanos ni con santos de la Iglesia Católica.

   El calendario republicano francés duró de 1792 a 1806 y tenía una base fundamentalmente agrícola. El capricho humano, como tantas otras veces, cambió el nombre de unos meses cuyos nombres son tan caprichosos como aceptados hoy en día. El origen de su onomástica en el mundo de la Ilustración tiene en muchas ocasiones un origen latino, aunque en otras francés.

   Del equinoccio otoñal al solsticio de invierno los meses pasaron a llamarse Vendimiare (del latín uindemia, “el de la vendimia”), Brumaire (del latín bruma, “el de la bruma/niebla”) y Frimaire (del francés frimas, “el de la escarcha”). Hasta el equinoccio primaveral sus nombres fueron Nivôse (del latín niuis, “el de la nieve”), Pluviôse (del latín pluuia, “el de la lluvia”), y Ventôse (del latín uentus, “el del viento”). Los meses en los que el día se alarga hasta su mayor duración se denominaron Germinal (del latín germen, “el de los brotes”), Floréal (del latín flos, “el de las flores”) y Prairial (en origen último del latín pratum, “el de las praderas”). El ciclo anual culminaba con los meses de Messidor (del latín Messis, “el de las cosechas”), Thermidor (del griego Thermos, “el del calor”) y Fructidor (del latín Fructus, “el de los frutos”).

   En cuanto a los días del mes, desaparecieron las semanas para dar paso a las décadas (al estilo del calendario griego) desde el Primidi al Decádi nombrados con los ordinales latinos más –di (lat. dies). Asimismo, asociar el día a uno o varios santos dio paso a nombres de plantas, animales o herramientas del mundo rural. Sin duda, un calendario mucho más natural, sobre todo en una sociedad que aún estaba muy ligada al campo. Conclusión: de “Bruma”, Brumario y Brumario en el calendario.

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